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¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!

La razón principal de nuestra infelicidad es la falta de aceptación de las cosas tal y como son. Esto nos lo explicó el Buda hace 2500 años, pero a día de hoy seguimos sin haber aprendido la lección.

La realidad es neutra. El cómo la interpretamos y la valoración que hagamos de ella es cosa nuestra. De manera que lo que puede parecer algo malo (como un despido en el trabajo o una ruptura sentimental), puede que esté abriendo la puerta a nuevas posibilidades (encontrar un trabajo mejor o una pareja con la que conectamos más). Y de igual manera, algo que consideramos bueno y gratificante, puede que en un futuro se convierta en un drama.

Echart Tolle escribió “la causa principal de infelicidad no es nunca la situación en la que te encuentras, sino lo que piensas acerca de ella.”

Somos seres espirituales teniendo una experiencia humana. Desde este punto de vista, no existen experiencias buenas o malas, porque todas son aprendizajes que forman parte de nuestro desarrollo personal y espiritual.

Te traemos un cuento precioso que nos ayuda a reflexionar sobre esto. Y te invitamos a que la próxima vez que de forma automática te digas a ti mismo: ¡Qué mala suerte!, le des la vuelta y te repliques: ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

 

¿Mala suerte o buena suerte, quién sabe?

Érase una vez un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Los vecinos del anciano labrador se acercaron a su granja para condolerse con él, y lamentar su desgracia, y le decían: ¡Qué mala suerte que tu único caballo se ha escapado! A lo que el sabio anciano les replicó: ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

Unos días más tarde, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes, tantos que casi no cabían en la granja. Entonces los vecinos acudieron a felicitar al labrador diciéndole: ¡Qué buena suerte que tu caballo regresó y además trajo consigo un montón más! A lo que este les respondió:¿Buena suerte?¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, este lo tiró al suelo y y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia, por lo que fueron de nuevo a decirle al anciano: ¡Qué mala suerte, que tu hijo se ha roto la pierna! A lo que el viejo labrador se limitó a decir: ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

Una semana más tarde, el país entró en guerra y fueron reclutados todos los jóvenes varones que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota obviamente lo dejaron tranquilo y se libró de ir a la guerra. ¿Fue eso buena suerte?, ¿O fue mala suerte?… ¡Quién sabe!

Este artículo pertenece a la serie Espiritualidad101 – Guía básica de Espiritualidad. Clicka aquí si quieres leer más sobre espiritualidad.